sábado, 12 de abril de 2014

Amantes de verdad

Recién publicado en la revista Hombre Moderno: http://www.hombremoderno.es/eros/amantes-de-verdad/

Ser un buen amante no es tarea fácil ya que casi siempre pensamos más en lo que deberíamos hacer y casi nunca en cómo deberíamos ser.

Para ser un buen amante no es imprescindible ser guapo, deportista, seductor, cariñoso, amigo de los animales, apasionado, seguro, sexy… (aunque si lo somos mejor); lo que nos hace falta es ser ese alguien seguro de sí mismo, pero con una mente muy abierta a escuchar y comprender, con un corazón muy grande para sentir y vivir y con una masculinidad que ofrezca presencia por encima de todo, además de pasión y seguridad.

Un buen amante no es aquel que tiene un pene de más de 15 cm, capaz de aguantar mucho rato antes de correrse y que además le dedica un tiempo a los preliminares. El que es bueno de verdad ama con todo su cuerpo, con todo su corazón y con toda el alma, sabe valorar la relación en toda su amplitud y por lo tanto no pone expectativas, está seguro de sí mismo, si quiere, puede prescindir de la penetración, sabe qué ofrecer en cada momento, no duda sobre cuándo decir unas palabras dulces, ni tampoco si en medio de la pasión más ardiente suelta frases fuertes, sabe acariciar, besar, lamer, arañar, morder o dar cachetes con arte, en el momento adecuado, sabe agarrar fuerte, abrazar y quedarse quieto respirando a su amada, sabe dominarla con respeto y dejarse dominar cuando es el momento, sabe mirarla a los ojos y fundirse con ella.

En el mar de las emociones femeninas, sabe escuchar, emocionarse, estar al lado de su llanto o de su risa, ofrecer su presencia, su proximidad y su distancia, su mano y su abrazo, pero nunca interrumpe, ni pregunta, ni busca las raíces del problema, ni estudia posibles soluciones; simplemente es un hombre que sabe ofrecerse, sabe estar y escucha.

Como compañero es un buen amigo con el que compartir el día a día, alguien con el que siempre puedes contar, que la escucha y le hace de espejo, ofreciéndole la posibilidad de que sea ella misma la que encuentre el camino, las soluciones, porque él le está ofreciendo su presencia.

La mujer, al lado de un hombre así, se relaja, deja de tener miedo a que la vuelvan a maltratar, abusar de ella o despreciarla… y saca su encanto femenino, dejando florecer poco a poco a la diosa que hay en ella. El Hombre ante este espectáculo se rinde y honra su femenino, su belleza, su forma de ser, de mujer y de diosa.

Este hombre ama a la mujer porque ama el femenino, la tierra, la naturaleza, la vida, la alegría y ello le permite reflejar el niño que lleva en su interior, un niño juguetón, alegre, divertido, curioso, travieso y vivaracho, un niño que encantará a todos y en especial a muchas mujeres sensibles.

Y en la cama, este amante sabrá hacer que la mujer se sienta guapa, atractiva, deseada, única, amada y adorada, se entregará y le ofrecerá lo mejor de sí misma, todo su ser, desde sus entrañas hasta el templo sagrado de su diosa.

Ver y sentir cómo una mujer así llega al orgasmo puede emocionar y hacer llorar de felicidad al amante que lo es de verdad.

Ignasi Tebé
Terapeuta, educador y escritor de sexualidad. Colaborador de Sex Academy Barcelona 

domingo, 16 de marzo de 2014

Nuevos Hombres

Recién publicado en la revista digital "Hombre Moderno"

Ser Hombre Hoy, con todas sus consecuencias, no es tarea fácil. Los hombres de hoy estamos sujetos, consciente o inconscientemente, a patrones sociales que, a veces, aunque absurdos, prevalecen y dominan nuestras vidas.

¿Qué creemos que se espera de nosotros? Que seamos hombres con sentido del humor, creativos, generosos, nobles, respetuosos, sensibles, tiernos, comprensivos, buenos escuchadores, fieles, buenos amantes y compañeros, paternales, amigables, colaboradores en tareas domésticas y familiares… pero también con sentido de la orientación y perspectiva, que sepamos tomar decisiones, perseverantes y resistentes, protectores, que ofrezcamos seguridad, fuerza, pasión y deseo sexual y, sobretodo, que sepamos lo que queremos y vayamos a por ello (dirección, objetivo, metas o, más profundo todavía, nos dejemos llevar por el ser interior, intuitivos…), ganadores en potencia y luchadores natos …. total: ¡UNA JOYA!

Nos pusieron (y lo aceptamos) el listón muy alto. Probablemente la respuesta esté en recopilar lo mejor de nuestro pasado, presente y futuro y ser (ahora y aquí) justamente esto: el hombre que no lo sabe todo, que busca, que ofrece lo que tiene y lo que es y sobre todo el hombre que quiere cambiar, mejorar, ser y vivir una nueva vida. Un ser capaz de vivir el presente en toda su plenitud, en cada momento, en cada situación, en cada estado emocional, ofreciendo su presencia, sin pensar, sin juzgar, sin analizar, simplemente siendo, jugando a vivir el día a día.

En realidad, lo que muchos anhelamos es reconocer y amar nuestra parte femenina, conservando lo mejor de nuestra esencia masculina, poseer la sensibilidad del hombre moderno, completar en nosotros mismos la suma de lo mejor de ambos y añadirle la conciencia del Ser y del Estar, en un mundo donde lo humano y lo divino conviven, cada día más, donde las sensaciones y los sentimientos también cuentan.

Si optamos por ser este Hombre Nuevo, podremos abrirnos a cambiar, a mejorar, a evolucionar, primero con nosotros mismos, después con nuestras parejas actuales o con las que todavía han de venir, abrirnos a una nueva relación o lo que sea, buscando el hombre que deseamos ser.

Atrevernos a manifestarnos tal y como somos en realidad, dejando los tabúes, las creencias, las costumbres,… los mitos, muy lejos de nosotros mismos y con la mente y el corazón abiertos, sintiendo la libertad, abriéndonos a esta nueva forma de ser.

Escrito por Melisa, una gran amiga:

“Siento tus brazos cogerme con fuerza cuando flaqueo, tus manos firmes cogiendo las mías cuando voy a tropezar, tus dedos acariciarme dulcemente, haciéndome sentir el placer de ser amada.

Veo tus ojos mirarme con ternura, llorar de amor y de alegría, sentir en ellos la paz, la dulzura, la fuerza, el fuego y el deseo ardiente de querer hacerme tuya.

Eres distinto a lo conocido, fuerte y dulce, tranquilo y apasionado, dócil e indomable, viril y tierno,… ¿qué tienes que tanto te deseo?

Amante misterioso, capaz de sorprenderme a cada instante, de robar mi desnudez, de quitarme el pudor y hacerme sentir hembra, mujer, deseada, poseída y… amada.

Te quiero tal y como eres, sin máscaras ni corazas, siendo tú, con tu presencia, tu hombría, sin querer ser invencible”.

Ignasi Tebé

Terapeuta, escritor y educador sexual. Formador en Sex Academy Barcelona.

sábado, 15 de marzo de 2014

Sexo y menstruación


Desde tiempos inmemoriales, en muchas culturas, aunque no en todas, la menstruación ha marginado a la mujer y ha creado una serie de leyendas y falsas creencias que la han separado de su actividad sexual durante el período, en el que muchas de ellas sienten más deseo, porque sus genitales están más sensibles al placer.

El concepto de sucio, mal olor, desagradable y otros, todavía están vigentes en nuestra cultura de consumo (compresas, tampones, toallitas, jabones íntimos, salva slips…), donde evitar los “malos olores de la regla” es casi una obligación. Frente a todas estas barreras culturales muchas mujeres han optado por cerrarse, durante esta periódica semana, consciente o inconscientemente al sexo y sus placeres,. Muchos hombres por desconocimiento, otros por solidaridad o resignación, aceptan también este retiro sexual.

En realidad las leyendas rurales y falsas creencias ancestrales no tienen ningún fundamento sólido, simplemente son el resultado de una cultura patriarcal que nunca quiso ni supo comprender la belleza y lo sagrado de la menstruación femenina y fomentó o promovió sandeces como: la menstruación paraliza las actividades sociales, marchita las flores, avinagra el vino, agria la leche, corta la mayonesa, echa a perder el jamón, provoca la ruptura de los objetos frágiles, debilita al varón y así muchos más tabúes, algunos de las cuales todavía prevalecen.
  
Otras arraigadas creencias  son: no es conveniente tener relaciones sexuales cuando menstruas, no te puedes quedar embarazada durante la menstruación, cuando estoy con la regla siempre me duelen los ovarios, todas las mujeres padecen de Síndrome Premenstrual o cuando se llega a la menopausia la mujer siempre pierde el placer y por lo tanto el deseo sexual.

Además la Biblia (levítico) la considera algo impuro: “ ...cuando la mujer tuviera flujo de sangre, su impureza durará siete días, y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la tarde. Y todo aquello sobre lo que ella se acostare mientras dure su impureza, será inmundo... Y si alguno tuviera unión carnal con ella y su menstruo cayera sobre él, será inmundo por siete días, y toda cama sobre la que él se durmiera será inmunda...”

Menos mal que poco a poco las mujeres de hoy empiezan a aceptar su período como algo sano y natural y que cada vez a los hombres nos asusta menos la sangre menstrual y por ello podemos permitirnos, de acuerdo con nuestras parejas, hacer el amor de otras maneras, para los más abiertos es simplemente un tema de higiene y precaución con las posibles manchas en la cama, sofá… (por cierto la bañera o ducha es un lugar excelente para hacerlo durante estos días).

El útero de la mujer, gracias a la recuperación de otras culturas ancestrales, se considera cada vez más sagrado, hay danzas para Shakties, bendiciones de útero, rituales lunares (cada vez se asocia más el ciclo de la mujer con el de la luna), con sus arquetipos femeninos y algunas mujeres ya empiezan a vivir su femenino menstrual, sin bragas debajo de las faldas y usando copas vaginales para recoger el flujo sagrado de su menstruación y usarlo en algunos bellos rituales. Algunas parejas masculinas comparten estos momentos mágicos con sus parejas…

Durante la menstruación, los órganos más femeninos: ovarios y útero se desprenden de las células que estaban preparadas para ser vida, la no fecundación las ha hecho innecesarias y el cuerpo de la mujer vuelve a regenerarse y expulsa algo muy sagrado, rico en muchos elementos, así lo explica Miranda Gray:

“Una mujer que toma conciencia de su ciclo y las energías inherentes a él también aprende a percibir un nivel de vida que va más allá de lo visible; mantiene un vínculo intuitivo con las energías de la vida, el nacimiento y la muerte, y siente la divinidad dentro de la tierra y de sí misma. La mujer se relaciona con lo visible y terrenal y con los aspectos invisibles y espirituales de su existencia.” Luna Roja, los dones del ciclo menstrual.

“La sangre menstrual contiene células madre regeneradoras, antes de que la ciencia corroborase lo que las ancestrales cazadoras-recolectoras ya sabían, muchas mujeres la utilizaban para tratar las heridas y los traumatismos, para fertilizar la tierra (las jovencitas danzaban con largas faldas - sin bragas- entre los campos. De ahí el origen de estas faldas con vuelo y los bailes en círculo de nuestras danzas populares), para tratamientos de belleza y un sin fin de usos regenerativos y nutritivos. Como veis tirarla al cubo de la basura o por la taza de WC es una pérdida de recursos. Por ello os propongo alguno de los usos que yo le doy y os animo a sumar los que vosotras le estáis dando ya (todos con óptimos resultados). Algunos son: Abonar las plantas (frutales, ornamentales, comestibles), dar volumen y brillo al pelo, mascarilla facial impurezas…” (Erika Irusta, ver más en este link).

Dentro del ciclo lunar femenino, la menstruación se corresponde a la fase de la luna nueva, unida al arquetipo de la “amante” que, deseosa del masculino, busca en el sur a su sol.

Durante la menstruación, esta sensación de bajón, aparentemente se da solo en el plano físico, pero en campos más sutiles, como son el emocional y el espiritual, cuando la mujer menstrua, desciende a su mundo interior, a ese lugar donde habita lo desconocido y lo no manifestado. Son días en que las mujeres estáis en un estado ampliado de conciencia, en un estado visionario, aunque muchas veces no os percatéis de ello.

El día en que las mujeres recuperéis vuestro Poder Menstruante, y con ello la conciencia de quiénes sois, el patriarcado, y sus obras, irán despareciendo y cediendo el paso a belleza y a las mujeres – diosas, que promueven la fertilidad (abundancia, salud…), la familia, el amor, la sensualidad y la sagrada sexualidad.

Y los hombres de verdad se inclinaran ante vosotras respetando, honrando, adorando y deseando vuestro femenino, como nunca antes lo habíamos hecho.

Ignasi Tebé
Terapeuta, escritor y educador sexual.

Colaborador de Sex Academy Barcelona

lunes, 10 de marzo de 2014

Iniciación tántrica al placer

Dentro del ambiente que me gusta crear para dar un buen masaje tántrico a mi pareja, música, velas, incienso, temperatura, telas para cubrirla, aceites… y mi propia vestimenta, me gusta susurrarle suavemente un cuento, mientras le hago el masaje sagrado, una historia que me invento cada vez para llevarla a este otro mundo y facilitar que su sexo, sus emociones y su alma se abran a las nuevas experiencias y placeres que mi parte tántrica pueda ofrecerle…

Para comprender mejor esta historia os recomiendo leer antes mi post sobre “El masaje del Yoni”. Ahí va un posible cuento:

Era una vez, una mujer que quería conocer una nueva forma de vivir y de sentir, más tranquila, más en paz y mucho más hermosa de lo que ahora la vida le ofrecía… y decidió tomarse un tiempo sabático y emprender un viaje a un templo en la india que una amiga le había recomendado.

Llegó a este templo, sus maestros eran hombres sabios y también tenía una maestra que era la sacerdotisa del templo donde cada día se hacían rituales sagrados con cánticos, danzas y ofrendas.

Le enseñaron a relajarse, a respirar y a meditar en su esencia femenina, a sentir esta energía en ella y su alrededor… (mis manos empezaron suavemente a acariciar su cuerpo por encima del pareo que la cubría), aprendió a distinguir entre su parte más femenina (caricias muy dulces sobre pechos y monte de Venus) y su parte más masculina (suave masaje en la cabeza, pelo…), le enseñaron a contemplar el mundo de otra forma, donde todo era atraído por su complementario y donde de esta atracción surgía la felicidad, la paz y el placer de vivir… (besos en la frente, párpados y cara mientras las manos danzaban suavemente sobre su cuerpo).

Más adelante aprendió que el masculino era el complemento ideal de su femenino, aprendió a sentirlo en si misma, a reconocerlo, a respetarlo y a honrarlo, olvidando viejas creencias, sanado heridas ancestrales (más caricias que revelaban, cada vez más, mi atracción hacia su femenino, aunque de forma muy sosegada y respetuosa), el masculino ideal era dador de poder, de protección, de seguridad y de placer… ella se abrió a todas estas enseñanzas y poco a poco, día a día, se imaginaba lo que podría sentir con un hombre santo que supiera honrar tanto su cuerpo de diosa, que le ofreciera toda su hombría para regalarle el placer más absoluto (mis caricias se atrevieron a rozar provocativamente sus genitales, sintiendo un estremecimiento entre sus piernas).

Preguntó cuándo podría practicar y sentir todo esto y le contestaron: cuando entiendas de donde viene el verdadero placer. Y poco a poco (las caricias no cesaban y cada vez su respiración era más lenta y relajada) fue aprendiendo que el placer era un estado de todo su ser, era conseguir la armonía del cuerpo, con las emociones del alma, era amar a su parte más salvaje y honrar y adorar a su parte más divina y sintió la felicidad dentro de sí y lloró y danzó durante horas.

En medio de su danza en los jardines del monasterio, apareció su maestra y mirándola con ternura se puso a danzar con ella, las dos vibraban con los elementos y el fuego las fue poseyendo porque ella notó como sus genitales se humedecían, se calentaban y le pedían ser saciados (tocando y acariciando por encima los labios externos y un poco el perineo), al cesar la danza las dos se tiraron al suelo, se abrazaron y su maestra le dijo: ya estás preparada, esta noche date un buen baño, ponte bien hermosa y estate preparada porque a las 9 vendré a buscarte.

Se preparó para el ritual con su primer amante tántrico, ella sabía que podía ser cualquiera de los monjes que estaban allí, se olvidó de sus viejas ideas, sobre cual podría ser el mejor y pensó: cualquiera de ellos podrá hacerme tocar el cielo (ahora mis caricias eran más intencionadas, se iba acercando el gran momento…). Llegó su maestra, la miró y con un ligero saludo le dio su aprobación, cogiéndola de la mano la llevó hasta una habitación en la que ella nunca había entrado, era muy acogedora y cálida, había un fuego en la chimenea, un fouton grueso en el suelo, cojines, mantas, sedas, muchas velas, incienso, una música muy suave con mantras y delante de un pequeño altar con flores, símbolos del masculino y femenino, aceites y cremas… había un monje que solo llevaba la parte inferior de su túnica, estaba de espaldas, en posición de loto, meditando.

Se inclinó ante el altar y se incorporó. La miró, sonrió y cruzando sus manos sobre el corazón le inclinó su cabeza en señal de reverente saludo (mi mano estaba parada sobre su matriz, la otra en la frente, dando calor, dando amor), soy Pema Shonin, tu fiel servidor. Era un hombre de unos 50 años, fuerte, agradable de cuerpo y cara y con una sonrisa encantadora. La maestra se retiró y cerró la puerta, él monje le ofreció un té y le explicó que como iniciación al placer hoy le haría el masaje Maithuna del Yoni (sus genitales, su templo sagrado), que él sería su servidor e iniciador al placer sagrado y que deseaba ser digno de tan alto honor, le pidió permiso para empezar y empezó a desnudarla lentamente, plegando y dejando cada una de sus prendas sobre una mesita…

Tumbada sobre el fouton, con el cuerpo desnudo, cubierto por una seda fina, el monje se frotó las manos para calentarlas y empezó a acariciar su cara, su frente, su cuello… (mis caricias seguían las del cuento, las del ritual sagrado) y descendiendo suavemente sobre la seda los dedos del monje le hacían sentir el placer de cada caricia que le llegaba hasta lo más íntimo de su ser.

Eres una mujer muy hermosa y con mucha luz, me considero indigno de tocarte y proporcionarte el placer que te mereces y, por ello, voy a dejar que sea mi dios el que te acaricie y te proporcione todo lo que deseas… respira, lenta y suavemente…ábrete a recibir y agradece, siente y no pienses… vive (la despojé del pareo de seda que la cubría y admirando la belleza de su desnudez, unté mis manos de aceite y empecé a acariciar su piel)

Cada lector puede seguir el cuento como le apetezca, pero yo haría la introducción a sus genitales y después, durante el masaje más íntimo, un largo silencio con alguna palabra o frase suelta y algo muy dulce al final… Algo así…

Ahora voy a despertar a tu diosa, oculta en tus entrañas y para ello debes dejarme entrar en tu Yoni, en tu templo sagrado… gracias por el honor que me has concedido, espero ayudarte a sentir la grandeza que siento dentro de ti (ya con los dedos dentro de la vagina y buscando y masajeando sus zonas más placenteras, aquí os dedicáis a darle placer, a masajear según lo que habéis leído, a cuidar su respiración y a retardar en lo posible su orgasmo)

Puede que llore, que ría, que grite o que sintáis que está apunto de tener un orgasmo, Haced que respire y calmadla, ofrecedle presencia, vuestra esencia tántrica… y, olvidaros de vosotros mismos…Tiempo recomendado entre 20 y 30 minutos. Cuando sintáis que el proceso sanador se ha cumplido, que su placer es muy grande y que anhela estallar en un éxtasis orgásmico, anunciadlo y excitadla acariciando con más intensidad su punto sagrado (punto G y su clítoris para hacer que su orgasmo vaya subiendo lentamente y cuando llegue a su cima se suelte y vuele. En aquel momento nosotros hemos de quedarnos quietos, respirando su energía, sintiendo su orgasmo, su éxtasis… sin retirar las manos, sin hacer nada.

Gracias por haber permitido que mi dios interior te haya podido guiar en este camino hacia tu fuente sagrada del placer. Para mi ha sido un honor poderte servir. Namaste (y dándole un suave beso en la frente la cubriremos con algo cálido hasta que ella desee salir de este estado.

Fin del cuento

Que lo contéis con mucho amor a vuestras diosas

Ignasi Tebé

Terapeuta, educador y escritor sexual

Profesor de Sex Academy Barcelona

martes, 11 de febrero de 2014

Rendición total


En muchas filosofías orientales y, más en concreto, en el Tantra, el concepto rendición y entrega es muy antiguo y muy sagrado; no es un tema fácil para nosotros los occidentales, hechos para la competitividad y las victorias, ya que, para muchos de nosotros, rendición es igual a fracaso, a tirar la toalla. Fue la escasa comprensión de estas palabras, las que me han llevado a escribir este post, esperando humildemente poder aclarar un poco la grandeza de esta actitud.

Pido a mis lectores que se olviden de los conceptos lingüística y socialmente aceptados sobre este término y que se abran a una nueva forma de entender la vida, incluso en el terreno sexual.

Puede que a mí la vida me haya hecho un regalo muy especial, con las dificultades, sobre todo de salud, que he vivido en estos últimos años y que me están permitiendo entender mejor el concepto de “rendición”. Cuando estás a merced de los demás, de médicos, enfermeras, aparatos, tratamientos complejos y de la ayuda y compañía de familiares y algunos amigos, estás en la actitud total de recibir, de pedir sin poder ofrecer nada a cambio, más que a ti mismo y sobre todo en la actitud de ser y de sentir, sin pensar ni juzgar.

Esta actitud no pone condiciones, no tiene expectativas, no espera, ni ofrece nada a cambio, no opina, ni juzga, ni programa, ni ordena… simplemente es, se deja sentir, se vive; sería el equivalente a la desnudez total, sin protección, sin defensas, sin corazas, vulnerable… tal cual, como un bebé recién nacido y al total amparo de los que le acogen.

Dicen que esta actitud es muy Zen, muy Yin… lo único que sé es que a mi me está ayudando a descubrir el profundo sentido tántrico de rendirse, entregarse, honrar, adorar al ser amado/a, al dios/diosa que hay en mi/su interior, al eterno masculino/femenino… a mi mismo, al Uno, al Todo.

Puedo sentirlo y vivirlo en mis momentos de maravillosa soledad, pero lo más hermoso es sentirlo cuando estás con tu amado/a: viviendo y sintiendo el momento presente, el aquí y ahora, gozando de los dones del momento, de los besos, caricias, palabras, música, olores, sabores, gozando y agradeciendo al máximo lo que siento y vivo en el preciso instante de aquel placer que, al no contraerse, al no tener ninguna resistencia, se agranda y prolonga mucho más allá de los genitales, lejos del cuerpo, cerca de las emociones y muy dentro del alma.

Los grandes placeres del Tantra se empiezan a descubrir a partir de esta mágica actitud, muy poco occidental, del no oponer resistencia, ni tener expectativas sobre lo que recibimos y no esperar nada a cambio de lo que damos. Es entregarse al momento, al otro/a, a nuestra profunda grandeza, al placer del alma.

En el terreno de la sexualidad, hace pocos años, las prácticas de dominio y sumisión se han vuelto a poner de moda; siguen siendo ancestrales pero parece que las hayamos descubierto a raíz de los últimos libros de moda.

Lo cierto es que estas antiguas prácticas, cuando se hacen con la consciencia más profunda, abren el corazón y los sentimientos de la persona que está dominando y también de la que voluntaria y libremente se está sometiendo.

Pueden convertirse en actitudes sanadoras que nos lleven al sentir más profundo de una libertad de entrega al amado/a en el caso de sumisión, o de honra, como dominador, sometiendo la humildad de la persona ya que se nos entrega totalmente y sin condiciones.

Juzgar sin conocer es fácil, respetar lo desconocido es de sabios, y es por ello que uno avanza, poco a poco, por la vida, descubriendo grandeza y profundidad, donde aparentemente solo había dominio, bajeza y perversión. Aprendiendo a honrar algunas “parafilias” que en nuestra ignorancia estaban fuera de contexto y que ahora nos abren ventanales a comprender la grandeza de una sexualidad que, no por oculta, era mala, sino que era sólo para unos pocos que podían comprenderla y amarla.

“… cuando la vi, arrodillada ante mi, humilde, sumisa y diciéndome: quiero que me ates y domines, sentí el inmenso deseo de abrazarla, besarla y darle todo mi amor; cuando levanté su cara para besarla y ella, bajando los ojos, me dijo: por favor... no quise hacerme preguntas y entendí que hoy mi amor debía ser distinto.

Me armé de valor y atándola a la cama de brazos y piernas, le vendé los ojos y le dije: mi niña, que tu dolor sea tu placer, te amo hasta el infinito…y empezamos el juego o la sanación o como queráis llamarlo. Mis pequeñas torturas aparentemente la humillaban pero yo, ahora su amo, la veía crecer y hacerse grande, era una diosa entregada a mi para sanar su vergüenza, su alma, su femenino.

Suerte que no me vio, porque más de un cachete, pellizco o actitud posesiva iban acompañados de suaves lágrimas de amor que resbalaban por mis mejillas, adorando su pequeñez, sintiendo su grandeza… viendo a su diosa manifestarse”

Que la profundidad de estos pensamientos alcance a muchos y empecemos a rendirnos a vivir una vida más libre, incondicional y sin barreras ni prejuicios.

Ignasi Tebé

Terapeuta, escritor y educador sexual
Colaborador de Sex Academy Barcelona

lunes, 27 de enero de 2014

Maravilloso sexo

El buen sexo tiene un poder todavía desconocido para la mayoría de nosotros, intentaré reflexionar en voz alta sobre parte de este poder ignorado.

Nuestra sexualidad nos trae a la vida y en la mayoría de los casos somos fruto, como mínimo, de un arrebato pasional de nuestros padres. Nuestros genitales ya nos produjeron las primeras sensaciones de placer desde la más tierna infancia y ya no digamos cuando la infantil curiosidad se apoderó de nosotros y empezamos a conocer, imaginar y fantasear con aquellas medias verdades que poco a poco íbamos descubriendo.

En el despertar hormonal de nuestra adolescencia, los primeros devaneos, el primer beso, los primeros roces nos hicieron olvidar exámenes, amigos, familiares y pasamos horas ensimismados soñando, ahora WhatsAppeando, con nuestro amado/a.

Luego empezamos a tener algo de sexo, primero versión suave y luego completo, con penetración y el uso de nuestros primeros preservativos… y así seguimos avanzando hasta hoy; cada uno estará donde esté, pero casi todos procurando que la sexualidad no decaiga, que la rutina no nos aplaste o pendientes todavía de un montón de miedos, tabúes y creencias por resolver. Algunos, los menos, abriéndose para salir de la rutina, buscando y hallando respuestas y caminos para mantener y, a veces, incrementar este “algo más que placer” y que sabemos que es una parte importante de nuestra vida.

Bastantes de nosotros dejamos algo aparcado el tema, mientras estuvimos ocupados durante años, buscando nuestro crecimiento personal e incluso espiritual con toda clase de técnicas, cursos, talleres, meditaciones, retiros… ahora estamos dándonos cuenta de que el buen sexo es un camino más fácil y rápido para una buena salud física (circulación, respiración, hormonas, juventud, humor…), mental (depresiones, estrés, ansiedad, inseguridad, complejos…) y no digamos emocional (baja autoestima, miedos, rabia, creencias, patrones…)

Los más atrevidos creemos que incluso en poderoso para nuestra alma: equilibrio del yin y del yang, paz interior, comunión íntima, elevación de consciencia, éxtasis…

El maravilloso sexo es mucho más de lo que nos han dejado creer. A ellos les ha convenido que pensemos que el sexo es esencialmente reproductivo, placentero solo en pareja estable y sin pasarse demasiado, que el sexo además de sucio es peligroso, puede contagiar cuerpos y almas, puede hundirnos en la desgracia y hacernos ruines y desgraciados, que todos los hombres pensamos en una sola cosa (el sexo) y que muchas mujeres son el mismísimo diablo que nos lleva al pecado y la perdición.

Otros pensamos que el sexo es liberador, que nos muestra un camino (nadie ha dicho que sea fácil) evolutivo que nos llevará paulatinamente a cultivar valores, a superar dificultades, a conectar con nosotros mismos, con los demás o alcanzar niveles de espiritualidad desconocidos.

En nombre del sexo y de la sexualidad a lo largo de la historia ha habido guerras, traiciones, cismas, excomuniones, encarcelamientos, asesinatos, suicidios, trata de esclavas, sectas, se han devastado pueblos y culturas y un sinfín de atrocidades. Se han creado billones de seres, movido montañas, generado billones de divisas de muchos países, ha dado y da millones de puestos de trabajo en todo el mundo y esto sigue… También se han hecho tratados de paz, alianzas entre familias, cantado melodías, recitado versos, utilizado ríos de tinta, miles de películas, creado miles de obras de arte…

¿Todavía no os dais cuenta del poder del sexo?

En pleno siglo XXI, de esta era, seguimos debatiendo abiertamente o a escondidas, sobre el bien y el mal del sexo.

Algunos todavía dudan sobre qué importancia debemos darle en nuestra vida, mi respuesta es: la máxima.

Algún día entenderemos que esta energía es la única que puede crear un universo, un mundo y todos sus habitantes felices y en armonía con ellos y su entorno.

Maravilloso sexo… ahora entiendo muchas cosas…

Ignasi
Terapeuta, educador y escritor sexual
Colaborador de Sex Academy Barcelona